Manuel Gea Rovira, escritor y Miembro Correspondiente de la Real Academia de Alfonso X, el Sabio, de Murcia.
Carrera de Magisterio Español, en Murcia.
Toda la vida escribiendo en la prensa regional y nacional.
Articulismo y cronista
Especial colaboración en los periódicos "Línea" (hasta 1964) "La Verdad" de Murcia (desde 1965 en adelante) , "La Opinión" (Columnista mensual entre 1996-2002) "Revista Tribuna Regional de Murcia" columnista y reportero de Jumilla, Cehegín y Mula, desde su aparición en 1984 hasta su desaparición en 1989. Colaborador de"La Hoja del Lunes" de Murcia años 1965-70. Esporádicamente en periódicos nacionales como ABC (Fotos y noticias con Cifra-Efe). Delegado para la Provincia de Murcia del periódico "YA", de Madrid entre 1965-70. Delegadode Radio Nacional de España en las ciudades de Mula y Jumilla, entre 1964 y 1985. Delegado para la Provincia de Murcia del Semanario Nacional de A.C. "Signo", de Madrid, desde 1960 a 1966. Delegado de la Agenca Cifra-Efe, entre 1965 y 1985. Cofundador de la Revista "El Carche" de Jumilla en 1984. Idem de la Revista Conjunto Histórico" de Jumilla, en 1986. Fundador de la RevistaMunicipal de Fiestas del Excmo. Ayuntamiento de Jumilla, en 1980-81. Colaborador de la Revista Nacional de "Palomos Deportivos" de la Federación Nacional de Columbicultura, en Valencia. Director de la misma publicación en el año 1.996-98. Fundador de la Colección Poética "Jumillea" de Jumilla (Murcia), entre 1992-99. Sigue colaborando como articulista en las siguientes publicaciones: Semanario "Siete Días Jumilla"; "El Noroeste" de Caravaca y cuatro pueblos; Revistas de Fiestas de Cehegín, Pliego, Mula y Jumilla y de la Semana Santa de Cehegín, y Jumilla; Semanario "Arrels", de Onda (Castellón)
LIBROS PUBLICADOS
martes, 24 de marzo de 2009
Pregón de la Cofradía Cristo de la Paz, en Cehegín (Murcia)
CRISTO DE LA PAZ CELEBRACIÓN EN LA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA MAGDALENA, DE CEHEGÍN. Domingo, 22-03-09, 18 horas.
Por Manuel Gea Rovira (Académico)
"Las nueve de la noche, Miércoles Santo del año 2002. En la plaza del castillo, un delicado redoble del tambor, mueve la procesión, del santísimo Cristo de la Paz. Entre las sombras de palacetes y requiebros de cal vieja pasa con sus cinco anderos, el Cristo del silencio. Un solo ramo de claveles rojos para un Cristo, que amaga su aureola de triunfo
en humildades de sufrimiento, bajo el arco de la antigua muralla del castillo. Los hachones tienen cera virgen de abejas escogidas y el pabilo tiembla. La brisa cariñosa acaricia el torso desnudo de Cristo sentenciado por la Paz. Que lejano y próximo aquel 1979 de la fundación cofrade, para túnicas marrones, estilo franciscano, El Cristo horizontal y sin andas de trono, deambula, se retuerce y pasa por callejas con paredes encostradas de yeso morisco, hacia la antigua puerta de Caravaca, salida a Peñicas. Argamasa almohade, desde el siglo XII. Mujeres guapas saludan cariñosas en el disimulo de la noche, enjoyadas de luna y respiran azahares de huerto secreto en sus casas.
Empinamos la calle Zorrilla, perseguidos implacablemente por el
suave tambor cristiano y el chasquido de cientos de zapatillas que pulen el empedrado entre balconadas de buche de paloma con macetas de geranios, zaguanes florecidos a deshora por las miradas de amantes
de tradiciones. La judería y los Sambenitos de los que fueron banqueros del rey don Pedro I, como recuerda santa María la Blanca de Toledo. La película de faroles, puertas claveteadas, tragaluces originales y de pronto el barrio del Santo Cristo y Puntarrón, con la famosa hornacina de la Virgen. La Cuesta de las Maravillas y las dos y media de la madrugada en Herreros, con tus años juveniles correteando por este casco viejo, viejo, que queremos salvar del imposible. El arco de la Plaza Vieja te saluda, la cruz guía y dos cirios alumbran el letrero de la historia del siglo XV. La luna contenta al entrar en el templo de la Magdalena nos reparte bendiciones, en el caminar penitente por la historia de un pueblo, y sus pasadizos de piedra, barco de piedra, y muralla soterrada y sus candilejas, casi sollozando el penitente de cansancio y alegrías en la noche ascética. Me marché a Jumilla, a las tres y media de la madrugada, cansado,. feliz y contento..” (Resumen de mi crónica publicada generosamente por el semanario ´El Noroeste´ de Caravaca, en el 2.002 )
************************
Sr. Presidente de la Junta de Central de Cofradías de la Semana Santa de Cehegín, don Alfonso Gil González, Sra. doña Josefa Sáez Figueroa, presidenta de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Paz; don JoséAntonio Bernal Sáez, tesorero; doña Antonia García Moreno, secretaria; miembros de la directiva y cofrades de la Hermandad del
Santísimo Cristo de la Paz. Sr. Cura Párroco de la Iglesia Mayor de Sta. María Magdalena, y capellán de la Junta Central de Cofradías,
don Serafín Campoy. Iltmo. Sr. alcalde del Ayuntamiento de Cehegín, don José Soria García, y concejales asistentes, Autoridades civiles, simpatizantes de la Hermandad y fieles todos.
Mi cortesía al Cofrade de Honor del año pasado, mi amigo Paco Fernández Gallego y al actual don Juan Antonio Chico, concejal de Obras y Servicios, del Ayuntamiento de Cehegín, así como al concejal independiente de Fiestas y Participación Ciudadana, del Excmo. Ayuntamiento de Jumilla, don Ildefonso Jiménez, notable personalidad, que me acompaña con mi esposa Faustina Bustamante y mi nieto Juanma Gea.
Miren, en el año 1991 fui Pregonero de la Semana Santa de Cehegín gracias a varias personas como Alfonso Melgares y Juan Zarco. Al primero con Josefa Sáez, agradezco que vinieran a mi pregón de Almansa el 23 de marzo de 2002. Pregones, hice tres en Jumilla, entre 1989 y 1992; dos en Yecla, años 2001 y 2006 y el de la ciudad de Mula, el 2006. Ahora me rescatan estos amigos y amigas para el Cristo de la Paz, muchas gracias. No, no tengo vanidad. Considero un Pregón una clase de convivencia y de tolerancia, donde podemos aprender todos. Aquí en Cehegín, de niño me hice con ideas claras, sobre la humildad franciscana y la libertad de espíritu de san Francisco de Asís. A huir del fanatismo. Cehegín me enseñó a ser libre y a respetar con honra. Me rodeó de mimos y verdades, me enseñó la paciencia del futuro y la fugacidad del presente, a ser desenfadado, a ser noble y plebeyo, culto
y prosaico, sobrio y sacrificado. Por eso me sacrifiqué aquella noche de Miércoles Santo del 2002 y os acompañé como penitente y periodista, experiencia maravillosa.
Hoy mis metáforas andan otros caminos.
Año fundacional de 1.979, con el presidente Juan Jiménez Puerta y desde 1.992 Josefa Sáez Figueroa. Me descubro ante los seis años pregoneros, con el polifacético escritor y músico, Alfonso Gil; el dirigente de Los Verdes y abogado de fina pluma Alfonso Ciudad; el preclaro párroco, Serafín Campoy; el buen organizador y fotógrafo Rufino Ruiz, que tuvo la delicadeza de citarme; los activos delegados municipales de Cultura y Fiestas, Nicolás del Toro y Francisco Abril, que anteceden a este escritor, ex alumno del Colegio Seráfico, hijo del que fuera subjefe de la Estación de Ferrocarril, amigo y servidor que fue de vuestras familias.
No puedo evitar en mi prólogo, la memoria del orfeón “Ciudad de Cehegín”, cantando el “O Vos Omnes” al paso del Cristo de la Paz en los barrios de la Soledad y el Santo Cristo. Es como si un coro de ángeles y querubines volara por los barrios para cantarle al Cristo de la Paz en la noche de los mil silencios y la mano de Alfonso Gil fuera dirigida desde el cielo por la magia polifónica del P. Isidoro Rodríguez,
vuestro Hijo Adoptivo en presencia de fray Juan Zarco de Gea, al que adeudamos su heroica caridad, remedio urgente de tantas familias pobres de este pueblo y otros de España. Llegará el día de su reconocimiento oficial. He cambiado el diapasón de los cinco tonos poéticos, por el intervalo de los semitonos de la emoción, en la onda poético-musical de mi amor diapente y diatesarón, que dirían los griegos.
Las virtudes que hay en nuestros corazones las hemos de dejar crecer con la gracia del Señor. Liberación del corazón para construir puentes de fraternidad y ser personas de paz. Hay que ensayar una nueva manera de estar en paz, mirando a las personas de otra manera y reconocer en ellas, la condición de hijos de Dios, de hijos del Cristo de la Paz, por encima de prejuicios y de ideologías. Cuando miramos al Cristo de la Paz, parece que está desarmado en la cruz, despojado de su condición divina, de la omnipotencia (Filipenses, 2, 6-8), pero en realidad, el poder de Dios está en su bondad, su ternura y su cercanía amorosa. Aparece como desarmado, pero está iluminado por cirios de esperanza, bondad y cercanía. Pasa el Cristo de la Paz por la vida, como las rosas al desnudo, quebrando tibiezas, rompiendo el maleficio que pone a prueba nuestra paz interior. Pasa regalando amores y perdón a la humanidad dolorida. Nos habla por medio del sacrificio eucarístico, que reconforta nuestras almas. Importa que el Cristo del Silencio, nos de fuerzas para una vida creyente con buenas obras. San Agustín comentaba el Salmo 102, “Yo le llamo, pero Cristo enseña más bien con el silencio. Él habla interiormente.” Importa, que los ángeles de la guarda, pidan remedio divino para nuestras congojas y si el dolor es maternal, nos encomienden a la Madre dolorosa. Importa que el delicado tambor de un miércoles Santo por la noche, nos recuerde que la cal vieja de paredes es bálsamo de siglos y respira cien mil historias de familias cehegineras, que se alegraron o sufrieron, por nosotros. Importa, un ramo de claveles rojos, con los cinco anderos del Cristo de la Paz y una brisa misteriosa, que refresque el sudor de los rostros, escalando las murallas del desánimo. Porque, el torso desnudo del Cristo refleja la sentencia del Hijo de Dios que buscó la Paz y tuvo represalias. Esa Paz que desde hace treinta años buscan los cofrades marrones. No vengo a deletrear las claves teológicas de la Salvación en función del temor. El Cristo de la Paz, nos dice “no tengáis miedo” al miedo. Porque siempre habrá mieses en pleamar de amores, siempre se escucharán cantos de jilguero en el Carrascalejo, en las Fuentes del Marqués o de Santanares y en las curvas del río Quípar y el Argos. Siempre existirán polifacéticos Alfonsos, que dirijan una Semana Santa y os ayuden en la organización procesional. Nunca faltará el juego de aleros y tejados, con las golondrinas asombradas, del cortejo penitencial. No hay otro Miércoles como el vuestro, donde el sueño de la comunidad hebrea del discipulado de Cristo se reaparece en vuestros rostros y los relámpagos de emoción se anticipan en este acto litúrgico. Como si hubierais anticipado la vuelta de las revueltas en el casco antiguo, rieles de la Soledad, para un vía crucis que mira a Magdalena y Marmallejo, entre curvas de nivel que son llano y barrancas, cuestas que se entrecruzan, en el inmenso Calvario ceheginero. Orgullo del casco antiguo de Cehegín, Conjunto Histórico. Desfiláis, por los costados de ese barco de antiguas murallas, escondidas en los sótanos de vuestras casas, para misterio de arqueología, como ha ocurrido bajo las losas de esta iglesia. Esta es la Iglesia capitana, la nave de alcurnia espiritual y semanasantera, que navega el Miércoles Santo, con el piloto de la cofradía más original y franciscana, que sigue las rutas de los antiguos Vía crucis. Y rezamos bajo estas bóvedas, que suman sacrificios de canteros, albañiles y arquitectos, cuya paz, no pudo destruir el infierno de la soberbia humana, que manipuló a la ignorancia. Que los cirios no agoten su pabilo y que nuestras almas sean purificadas. Aquí, la cosecha de amores rebosa de paz y esperanza. Aquí, los pies reposan de fe andariega. Aquí, la sensibilidad de hombres y mujeres se ha ensanchado con la eucaristía. Aquí todos somos misioneros de la Paz, con Cristo. Aquí, el Cristo de La Paz nos avisa del perdón que se reconcilia con la misericordia. Parece de ensueño místico, la marcha de los penitentes que retrata la cámara de Dios y valora nuestros sufrimientos, y alegrías en cada momento concreto de nuestras vidas. No es ajeno el Miércoles Santo al sacrificio del altar en la tarde eucarística, que os bendice con sus divinas y cálidas obleas.
Aquí pisaron los primeros cehegineros visigodos y templarios, los castellanos, que os dieron sus apellidos cristianos en pila bautismal. Aquí, se amasan mil historias de antepasados, de bautismos de moriscas y de conversos hebreos, con voluntades de convivir en paz. Un cantor de Salmos colma de recitales esta tarde. Una aurora boreal atraviesa de luz vuestras almas. ¿No escucháis las risas infantiles de vuestros hijos y de vuestros nietos, jugando con la orla de Jesús de Nazaret, que no piensan todavía en el espectáculo del poder de Dios, temblando los cielos en el Calvario y rompiendo piedras de sepulcros para despertar a los muertos a una vida inmortal? Se adivinan aquí, olores de sándalo e incienso, que llevan las oraciones penitentes de los marrones. Sentís la lágrima en el corazón, mezclada con la alegría del símbolo de la Paz, en este templo que es como la tienda secreta que quiso levantar san Pedro en el Monte Tabor, al ver resucitados a Elías y Moisés. Llegará el día en que palpemos la muerte, vencida por el Cristo de la Paz, a la espera en su tienda celestial del cosmos, donde podremos dialogar con nuestros familiares y amigos, con los profetas y los apóstoles. El Cristo de la Paz confortado por el Padre, como si lo real se cambiara en irreal, la noche penitencial, para dar fuerzas al Hijo del Hombre. Voy a finalizar. ¿No escucháis mas allá de estos muros herrerianos un despertar de mil trinos, un cantar de estrellas y luceros caminando las calles con paredes de yeso o cal vieja? ¿No adivináis la vidriera del horizonte de nuestra vida, que se marca de colores alegres o tristes, pero no cae la noche para siempre? ¿No veis los rayos del sol de la Paz que se escapa de las manos del Padre, encarnándose cada atardecer para embellecer y traer tristura gozosa a los ojos? ¿No oís las canciones de vuestra infancia, las campanas de esta Iglesia y del convento, con sus sueños de soledades y amores en las dificultades que fueron y resucitaron en progreso? Las interrogaciones cariñosas, son versos del alma penitente. Ensueños que se adueñan de nosotros, cada noche al acostarnos. La luz invernal ha levantado el velo de la primavera ceheginera, y nos deja el alma herida de sentimientos puros. Mil palomas de la paz, enviáis al aire en vuestro amanecer laboral, preocupados por la familia. Se escucha vuestro tambor y vuestro temblor, en tiempos de crisis. Se ven vuestros cirios, como luminarias de la noche, que fabrican luciérnagas en la vega del Argos, mientras lloran los ojos en las fábricas. Un noble fin, corona la obra de la paz, como si fuera el monumento almohade de la torre ladrón del agua, bien reedificada por el alcalde. Sed clementes con el atrevido verbo de Manolo Gea, en esta tarde de gloria misionera de la paz en Cristo Jesús. Porque llega el beso perfumado de la brisa, con aromas de tomillo y lavanda, para que esta tarde, sea el preludio de la preciosa noche de las calles penitentes. Vosotros y vosotras, no temáis al sufrimiento. Paciencia y fortaleza, pues el Hijo del hombre sigue en permanente entendimiento son su Padre. Tened Fe en la Providencia, y aprended conmigo, la austeridad de vida, que nos piden los tiempos. Pero alegría, tras la penitencia. “No temáis”, os repite el Cristo de la Paz. El ciento por uno multiplicará el Cristo de la Paz , tras esta tarde pacífica y religiosa, con perfumes evangélicos, de la gran semana santa ceheginera. Cristo, comprende nuestra humildad penitente y nos ama.Os he deseado lo mejor. Lo literario, no excusa mi afecto y sentimiento, Muchas gracias.
Por Manuel Gea Rovira (Académico)
"Las nueve de la noche, Miércoles Santo del año 2002. En la plaza del castillo, un delicado redoble del tambor, mueve la procesión, del santísimo Cristo de la Paz. Entre las sombras de palacetes y requiebros de cal vieja pasa con sus cinco anderos, el Cristo del silencio. Un solo ramo de claveles rojos para un Cristo, que amaga su aureola de triunfo
en humildades de sufrimiento, bajo el arco de la antigua muralla del castillo. Los hachones tienen cera virgen de abejas escogidas y el pabilo tiembla. La brisa cariñosa acaricia el torso desnudo de Cristo sentenciado por la Paz. Que lejano y próximo aquel 1979 de la fundación cofrade, para túnicas marrones, estilo franciscano, El Cristo horizontal y sin andas de trono, deambula, se retuerce y pasa por callejas con paredes encostradas de yeso morisco, hacia la antigua puerta de Caravaca, salida a Peñicas. Argamasa almohade, desde el siglo XII. Mujeres guapas saludan cariñosas en el disimulo de la noche, enjoyadas de luna y respiran azahares de huerto secreto en sus casas.
Empinamos la calle Zorrilla, perseguidos implacablemente por el
suave tambor cristiano y el chasquido de cientos de zapatillas que pulen el empedrado entre balconadas de buche de paloma con macetas de geranios, zaguanes florecidos a deshora por las miradas de amantes
de tradiciones. La judería y los Sambenitos de los que fueron banqueros del rey don Pedro I, como recuerda santa María la Blanca de Toledo. La película de faroles, puertas claveteadas, tragaluces originales y de pronto el barrio del Santo Cristo y Puntarrón, con la famosa hornacina de la Virgen. La Cuesta de las Maravillas y las dos y media de la madrugada en Herreros, con tus años juveniles correteando por este casco viejo, viejo, que queremos salvar del imposible. El arco de la Plaza Vieja te saluda, la cruz guía y dos cirios alumbran el letrero de la historia del siglo XV. La luna contenta al entrar en el templo de la Magdalena nos reparte bendiciones, en el caminar penitente por la historia de un pueblo, y sus pasadizos de piedra, barco de piedra, y muralla soterrada y sus candilejas, casi sollozando el penitente de cansancio y alegrías en la noche ascética. Me marché a Jumilla, a las tres y media de la madrugada, cansado,. feliz y contento..” (Resumen de mi crónica publicada generosamente por el semanario ´El Noroeste´ de Caravaca, en el 2.002 )
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Sr. Presidente de la Junta de Central de Cofradías de la Semana Santa de Cehegín, don Alfonso Gil González, Sra. doña Josefa Sáez Figueroa, presidenta de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Paz; don JoséAntonio Bernal Sáez, tesorero; doña Antonia García Moreno, secretaria; miembros de la directiva y cofrades de la Hermandad del
Santísimo Cristo de la Paz. Sr. Cura Párroco de la Iglesia Mayor de Sta. María Magdalena, y capellán de la Junta Central de Cofradías,
don Serafín Campoy. Iltmo. Sr. alcalde del Ayuntamiento de Cehegín, don José Soria García, y concejales asistentes, Autoridades civiles, simpatizantes de la Hermandad y fieles todos.
Mi cortesía al Cofrade de Honor del año pasado, mi amigo Paco Fernández Gallego y al actual don Juan Antonio Chico, concejal de Obras y Servicios, del Ayuntamiento de Cehegín, así como al concejal independiente de Fiestas y Participación Ciudadana, del Excmo. Ayuntamiento de Jumilla, don Ildefonso Jiménez, notable personalidad, que me acompaña con mi esposa Faustina Bustamante y mi nieto Juanma Gea.
Miren, en el año 1991 fui Pregonero de la Semana Santa de Cehegín gracias a varias personas como Alfonso Melgares y Juan Zarco. Al primero con Josefa Sáez, agradezco que vinieran a mi pregón de Almansa el 23 de marzo de 2002. Pregones, hice tres en Jumilla, entre 1989 y 1992; dos en Yecla, años 2001 y 2006 y el de la ciudad de Mula, el 2006. Ahora me rescatan estos amigos y amigas para el Cristo de la Paz, muchas gracias. No, no tengo vanidad. Considero un Pregón una clase de convivencia y de tolerancia, donde podemos aprender todos. Aquí en Cehegín, de niño me hice con ideas claras, sobre la humildad franciscana y la libertad de espíritu de san Francisco de Asís. A huir del fanatismo. Cehegín me enseñó a ser libre y a respetar con honra. Me rodeó de mimos y verdades, me enseñó la paciencia del futuro y la fugacidad del presente, a ser desenfadado, a ser noble y plebeyo, culto
y prosaico, sobrio y sacrificado. Por eso me sacrifiqué aquella noche de Miércoles Santo del 2002 y os acompañé como penitente y periodista, experiencia maravillosa.
Hoy mis metáforas andan otros caminos.
Año fundacional de 1.979, con el presidente Juan Jiménez Puerta y desde 1.992 Josefa Sáez Figueroa. Me descubro ante los seis años pregoneros, con el polifacético escritor y músico, Alfonso Gil; el dirigente de Los Verdes y abogado de fina pluma Alfonso Ciudad; el preclaro párroco, Serafín Campoy; el buen organizador y fotógrafo Rufino Ruiz, que tuvo la delicadeza de citarme; los activos delegados municipales de Cultura y Fiestas, Nicolás del Toro y Francisco Abril, que anteceden a este escritor, ex alumno del Colegio Seráfico, hijo del que fuera subjefe de la Estación de Ferrocarril, amigo y servidor que fue de vuestras familias.
No puedo evitar en mi prólogo, la memoria del orfeón “Ciudad de Cehegín”, cantando el “O Vos Omnes” al paso del Cristo de la Paz en los barrios de la Soledad y el Santo Cristo. Es como si un coro de ángeles y querubines volara por los barrios para cantarle al Cristo de la Paz en la noche de los mil silencios y la mano de Alfonso Gil fuera dirigida desde el cielo por la magia polifónica del P. Isidoro Rodríguez,
vuestro Hijo Adoptivo en presencia de fray Juan Zarco de Gea, al que adeudamos su heroica caridad, remedio urgente de tantas familias pobres de este pueblo y otros de España. Llegará el día de su reconocimiento oficial. He cambiado el diapasón de los cinco tonos poéticos, por el intervalo de los semitonos de la emoción, en la onda poético-musical de mi amor diapente y diatesarón, que dirían los griegos.
Las virtudes que hay en nuestros corazones las hemos de dejar crecer con la gracia del Señor. Liberación del corazón para construir puentes de fraternidad y ser personas de paz. Hay que ensayar una nueva manera de estar en paz, mirando a las personas de otra manera y reconocer en ellas, la condición de hijos de Dios, de hijos del Cristo de la Paz, por encima de prejuicios y de ideologías. Cuando miramos al Cristo de la Paz, parece que está desarmado en la cruz, despojado de su condición divina, de la omnipotencia (Filipenses, 2, 6-8), pero en realidad, el poder de Dios está en su bondad, su ternura y su cercanía amorosa. Aparece como desarmado, pero está iluminado por cirios de esperanza, bondad y cercanía. Pasa el Cristo de la Paz por la vida, como las rosas al desnudo, quebrando tibiezas, rompiendo el maleficio que pone a prueba nuestra paz interior. Pasa regalando amores y perdón a la humanidad dolorida. Nos habla por medio del sacrificio eucarístico, que reconforta nuestras almas. Importa que el Cristo del Silencio, nos de fuerzas para una vida creyente con buenas obras. San Agustín comentaba el Salmo 102, “Yo le llamo, pero Cristo enseña más bien con el silencio. Él habla interiormente.” Importa, que los ángeles de la guarda, pidan remedio divino para nuestras congojas y si el dolor es maternal, nos encomienden a la Madre dolorosa. Importa que el delicado tambor de un miércoles Santo por la noche, nos recuerde que la cal vieja de paredes es bálsamo de siglos y respira cien mil historias de familias cehegineras, que se alegraron o sufrieron, por nosotros. Importa, un ramo de claveles rojos, con los cinco anderos del Cristo de la Paz y una brisa misteriosa, que refresque el sudor de los rostros, escalando las murallas del desánimo. Porque, el torso desnudo del Cristo refleja la sentencia del Hijo de Dios que buscó la Paz y tuvo represalias. Esa Paz que desde hace treinta años buscan los cofrades marrones. No vengo a deletrear las claves teológicas de la Salvación en función del temor. El Cristo de la Paz, nos dice “no tengáis miedo” al miedo. Porque siempre habrá mieses en pleamar de amores, siempre se escucharán cantos de jilguero en el Carrascalejo, en las Fuentes del Marqués o de Santanares y en las curvas del río Quípar y el Argos. Siempre existirán polifacéticos Alfonsos, que dirijan una Semana Santa y os ayuden en la organización procesional. Nunca faltará el juego de aleros y tejados, con las golondrinas asombradas, del cortejo penitencial. No hay otro Miércoles como el vuestro, donde el sueño de la comunidad hebrea del discipulado de Cristo se reaparece en vuestros rostros y los relámpagos de emoción se anticipan en este acto litúrgico. Como si hubierais anticipado la vuelta de las revueltas en el casco antiguo, rieles de la Soledad, para un vía crucis que mira a Magdalena y Marmallejo, entre curvas de nivel que son llano y barrancas, cuestas que se entrecruzan, en el inmenso Calvario ceheginero. Orgullo del casco antiguo de Cehegín, Conjunto Histórico. Desfiláis, por los costados de ese barco de antiguas murallas, escondidas en los sótanos de vuestras casas, para misterio de arqueología, como ha ocurrido bajo las losas de esta iglesia. Esta es la Iglesia capitana, la nave de alcurnia espiritual y semanasantera, que navega el Miércoles Santo, con el piloto de la cofradía más original y franciscana, que sigue las rutas de los antiguos Vía crucis. Y rezamos bajo estas bóvedas, que suman sacrificios de canteros, albañiles y arquitectos, cuya paz, no pudo destruir el infierno de la soberbia humana, que manipuló a la ignorancia. Que los cirios no agoten su pabilo y que nuestras almas sean purificadas. Aquí, la cosecha de amores rebosa de paz y esperanza. Aquí, los pies reposan de fe andariega. Aquí, la sensibilidad de hombres y mujeres se ha ensanchado con la eucaristía. Aquí todos somos misioneros de la Paz, con Cristo. Aquí, el Cristo de La Paz nos avisa del perdón que se reconcilia con la misericordia. Parece de ensueño místico, la marcha de los penitentes que retrata la cámara de Dios y valora nuestros sufrimientos, y alegrías en cada momento concreto de nuestras vidas. No es ajeno el Miércoles Santo al sacrificio del altar en la tarde eucarística, que os bendice con sus divinas y cálidas obleas.
Aquí pisaron los primeros cehegineros visigodos y templarios, los castellanos, que os dieron sus apellidos cristianos en pila bautismal. Aquí, se amasan mil historias de antepasados, de bautismos de moriscas y de conversos hebreos, con voluntades de convivir en paz. Un cantor de Salmos colma de recitales esta tarde. Una aurora boreal atraviesa de luz vuestras almas. ¿No escucháis las risas infantiles de vuestros hijos y de vuestros nietos, jugando con la orla de Jesús de Nazaret, que no piensan todavía en el espectáculo del poder de Dios, temblando los cielos en el Calvario y rompiendo piedras de sepulcros para despertar a los muertos a una vida inmortal? Se adivinan aquí, olores de sándalo e incienso, que llevan las oraciones penitentes de los marrones. Sentís la lágrima en el corazón, mezclada con la alegría del símbolo de la Paz, en este templo que es como la tienda secreta que quiso levantar san Pedro en el Monte Tabor, al ver resucitados a Elías y Moisés. Llegará el día en que palpemos la muerte, vencida por el Cristo de la Paz, a la espera en su tienda celestial del cosmos, donde podremos dialogar con nuestros familiares y amigos, con los profetas y los apóstoles. El Cristo de la Paz confortado por el Padre, como si lo real se cambiara en irreal, la noche penitencial, para dar fuerzas al Hijo del Hombre. Voy a finalizar. ¿No escucháis mas allá de estos muros herrerianos un despertar de mil trinos, un cantar de estrellas y luceros caminando las calles con paredes de yeso o cal vieja? ¿No adivináis la vidriera del horizonte de nuestra vida, que se marca de colores alegres o tristes, pero no cae la noche para siempre? ¿No veis los rayos del sol de la Paz que se escapa de las manos del Padre, encarnándose cada atardecer para embellecer y traer tristura gozosa a los ojos? ¿No oís las canciones de vuestra infancia, las campanas de esta Iglesia y del convento, con sus sueños de soledades y amores en las dificultades que fueron y resucitaron en progreso? Las interrogaciones cariñosas, son versos del alma penitente. Ensueños que se adueñan de nosotros, cada noche al acostarnos. La luz invernal ha levantado el velo de la primavera ceheginera, y nos deja el alma herida de sentimientos puros. Mil palomas de la paz, enviáis al aire en vuestro amanecer laboral, preocupados por la familia. Se escucha vuestro tambor y vuestro temblor, en tiempos de crisis. Se ven vuestros cirios, como luminarias de la noche, que fabrican luciérnagas en la vega del Argos, mientras lloran los ojos en las fábricas. Un noble fin, corona la obra de la paz, como si fuera el monumento almohade de la torre ladrón del agua, bien reedificada por el alcalde. Sed clementes con el atrevido verbo de Manolo Gea, en esta tarde de gloria misionera de la paz en Cristo Jesús. Porque llega el beso perfumado de la brisa, con aromas de tomillo y lavanda, para que esta tarde, sea el preludio de la preciosa noche de las calles penitentes. Vosotros y vosotras, no temáis al sufrimiento. Paciencia y fortaleza, pues el Hijo del hombre sigue en permanente entendimiento son su Padre. Tened Fe en la Providencia, y aprended conmigo, la austeridad de vida, que nos piden los tiempos. Pero alegría, tras la penitencia. “No temáis”, os repite el Cristo de la Paz. El ciento por uno multiplicará el Cristo de la Paz , tras esta tarde pacífica y religiosa, con perfumes evangélicos, de la gran semana santa ceheginera. Cristo, comprende nuestra humildad penitente y nos ama.Os he deseado lo mejor. Lo literario, no excusa mi afecto y sentimiento, Muchas gracias.
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